Nace a comienzos del siglo X, en Albeos, diócesis de Tuy (Galicia) Durante el califato de Abderramán III, es hecho prisionero en la batalla de Valdejunquera. En Córdoba el niño pasa cuatro años en la cárcel. Con una profunda fe en Cristo, al negarse a renunciar a su fe y su dignidad, muere martirizado el 26 de Junio del año 925. Tiene entonces trece años de edad.

Sus reliquias, recogidas por los cristianos de la ciudad, se trasladan hacia el norte de España. La peregrinación desde el lugar de su martirio hasta Oviedo difunde la noticia del testimonio impresionante del joven Pelayo. Numerosas parroquias lo adoptan como santo patrono. Sobre todo en León donde, en un primer momento, depositan sus reliquias en un monasterio construido a tal efecto. Una vez en Oviedo, en el año 994, la comunidad de monjas benedictinas que lo acoge coloca la urna de las reliquias debajo del altar mayor de la Iglesia del cenobio, que a partir de entonces pasar a llamarse “Monasterio de San Pelayo”.

Es posible para las parroquias o grupos que lo deseen acudir a orar ante al sepulcro del mártir y unirse a la comunidad de monjas en la celebración litúrgica. Es conveniente concretar la fecha y el horario con la Comunidad. Una hermana benedictina explicará, si lo desean, la vida de San Pelayo.